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November 19, 2019, 9:00 AM

EL TRIBUNAL DE CRISTO



¿Sabe usted que habrá dos juicios finales? Tanto los creyentes como los incrédulos serán juzgados. El juicio de los salvos será distinto al de los que no son salvos. He aquí el orden general de los eventos que tienen que ver con los juicios, según la interpretación pre-milenario de la Biblia:

  1. Cristo aparecerá en el aire y se llevará a los santos de Dios, vivos y muertos. Permaneceremos en el cielo por siete años, durante los cuales los creyentes compareceremos ante el tribunal de Cristo para recibir nuestras recompensas.
  2. Cristo volverá a la tierra con los santos para poner fin a la gran tribulación e instituir Su reino de justicia por un tiempo de mil años.
  3. Al término del reino milenario de Cristo, Satanás será suelto y dirigirá una última, pero breve, rebelión. Dios lo derrotará y lo arrojará al lago de fuego.
  4. Luego, los incrédulos de todas las edades comparecerán ante el juicio del gran trono blanco para dar cuenta de sus pecados y recibir su lugar correspondiente en el infierno.

 

¿CUÁNDO SERÁ EL TRIBUNAL DE CRISTO?

Los santos de todas las edades comparecerán para ser juzgados cuando Cristo regrese. El apóstol Pablo le encomendó a Timoteo: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino» (2 Timoteo 4:1). Tal testimonio concuerda con exactitud con las palabras de Cristo, cuando dijo: «…el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:27).

La Biblia lo pone en claro: Ni los creyentes ni los incrédulos serán juzgados hasta que Cristo regrese. Los creyentes apareceremos primero ante el Señor en el tribunal de Cristo. Todos los que no creyeron en Jesucristo como Salvador personal serán juzgados mil años después ante el gran trono blanco.

En el día establecido, todas las cosas saldrán a la luz y serán evaluadas honestamente. Cristo enseñó que: «nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas» (Lucas 12:2-3).

La regla de juicio ante el gran trono blanco y el tribunal de Cristo será la Palabra de Dios. Jesucristo dijo: «…la palabra que he hablado, ella le juzgara en el día postrero» (Juan 12:48). Romanos 14:12 enseña que todos daremos cuenta a Dios, uno por uno. Piense en esto: Usted, personalmente, tendrá que dar un reporte a Dios de lo que ha hecho en esta vida. Por lo tanto, ¡sea fiel y fructífero!

 

¿QUIÉNES ESTARÁN EN EL TRIBUNAL DE CRISTO?

Los santos de todas las épocas estarán en el tribunal de Cristo, pero ninguna persona que no es salva se presentará. Observe la repetición que encontramos en Romanos 14:10 y 12: «…todos compareceremos ante el tribunal de Cristo…cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí». El apóstol Pablo se refería a «nosotros», los creyentes. Si usted es creyente, rendirá cuentas a Dios ante el tribunal de Cristo.

Los incrédulos tendrán su propio juicio, descrito en Apocalipsis 20:11 como el juicio del «gran trono blanco». ¿Cómo es este juicio distinto al del tribunal de Cristo? Considere lo siguiente:

  1. Los santos de Dios serán resucitados y arrebatados, para vivir y reinar con Cristo por mil años (Apocalipsis 20:4).
  2. Los «otros muertos» no vivirán hasta que los mil años se hayan cumplido (Apocalipsis 20:5).
  3. Los que son llamados «los otros muertos», los que no son salvos, han de ser levantados al final del reinado milenario de Cristo (Apocalipsis 20:13). Así que sólo los que no son salvos serán levantados después del reino milenario, pues los salvos ya han sido resucitados para reinar con Cristo.
  4. Aquellos de la «segunda resurrección» son los que comparecerán ante el gran trono blanco. No hay referencias sobre recompensas que han de darse entonces, sino más bien la tremenda declaración que dice: «Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego» (Apocalipsis 20:15).

Es evidente que el juicio del tribunal de Cristo es el juicio de los creyentes con relación a las recompensas, mientras que el del gran trono blanco es el de los incrédulos con relación a su castigo. ¿En cuál juicio estará usted?

 

¿POR QUÉ HABRÁ UN TRIBUNAL DE CRISTO?

Si se determina por la resurrección quién es salvo y quién no, ¿por qué es necesario un juicio?

El tribunal de Cristo tiene varios propósitos significantes.

El tribunal de Cristo no es para determinar si uno es salvo o no. La palabra de la que se tradujo «tribunal» es bema en el lenguaje griego. Ese era el término usado para describir el lugar del juez en las competencias de atletismo. Desde ese lugar especial, el juez entregaba los premios a los ganadores. De modo que el bema de Cristo (tribunal de Cristo) señala un lugar donde se premiará el servicio fiel. Se trata de pasar a juicio las obras de los redimidos a fin de premiar el fiel servicio a Dios.

El tribunal de Cristo traerá una armonía completa a los creyentes entre sí y también entre ellos y el Señor. Al juzgarse las obras, lo bueno será premiado y lo impuro, eternamente descartado. No se permitirá ninguna cosa que estropee la comunión entre Cristo y el creyente. Serán borradas también todas las diferencias que hayan existido entre creyentes. Las buenas obras serán premiadas y las malas, quemadas. Nada quedará sino sólo lo bueno. El pueblo de Dios tendrá compañerismo y gozo perfectos por la eternidad.

En el tribunal de Cristo se recompensará el servicio fiel. Cristo anunció: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12). El apóstol Pablo comprendió esa verdad y escribió: «Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:9-10).

El tribunal de Cristo honrará a los siervos fieles de Dios. Los fieles estarán ante Su presencia, «delante de su gloria con gran alegría» (Judas 1:24). «Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios» (1 Corintios 4:5).

El tribunal de Cristo manifestará el grave pecado de no servir a Dios. Imagínese usted a un individuo que ve su vida pasar por las llamas, sin que nada quede, debido a que vivió para sí mismo y no para el Señor Jesucristo. Unos creen que es entonces cuando se derramarán las lágrimas: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…» (Apocalipsis 21:4). Cuánto mejor que uno sea recompensado por obras duraderas en vez de ser reprochado por obras que desaparecen en el fuego.

El tribunal de Cristo determinará el lugar de cada creyente en el reino milenario de Cristo. Jesús nos dio una parábola que ilustra esta verdad; se encuentra en Lucas 19:12-27. Ya la estudiamos en la primera lección del trimestre presente.

Jesucristo enseñó por medio de la parábola en cuestión que en Su regreso, llamará a Sus siervos y los recompensará de acuerdo a la fidelidad que tuvieron durante Su ausencia. Su recompensa fue expresada en la parábola como el tener autoridad sobre ciertas ciudades. Muchos interpretan esto como si el tribunal de Cristo determinará el lugar donde cada creyente tendrá parte en el reino milenario que será poco después del juicio para las recompensas. Esta interpretación parece ser una aplicación válida de la enseñanza: «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar...y vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Apocalipsis 20:4).

El juicio vendrá, sea uno salvo o no. Usted tendrá que rendir cuentas a Dios. Si es salvo, dará cuenta en vista de ser premiado. Si no es salvo, dará cuenta en vista del castigo. «…ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados» (1 Juan 2:28).

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