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December 18, 2019, 12:51 PM

SIRVAMOS HASTA QUE CRISTO VENGA



Lucas 19:12-24 (RVR1960)

12 Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15 Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20 Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23 ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24 Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas.

 

Jesucristo puede regresar en cualquier momento. Desde los días del Nuevo Testamento, esa ha sido la expectación de los creyentes. Cristo previno que nadie sabría ni el día ni la hora cuando Él ha de regresar (Mateo 24:37-38, 50; 25:13). Este hecho demanda una velada constante. Los creyentes no sólo esperamos, sino que anticipamos gozosamente el regreso del Señor.

 

LA EXPECTACIÓN

El fervor religioso era máximo en Palestina. Los discípulos de Jesucristo estaban seguros de que Él era el Mesías. Los enemigos de Cristo temían que Él fuera tal Persona. Los judíos en ese entonces eran ardientemente nacionalistas en sus ambiciones político-religiosas. Los gobernantes romanos de Palestina temían la erupción de otra rebelión. El mundo entero estaba en un estado de expectación.

Cristo estaba pasando por Jericó con rumbo a Jerusalén. Días especiales se acercaban: la Pascua y el sábado santo. Estando en Jericó, Cristo fue a la casa de Zaqueo para encaminarlo a la fe. Su conversación con Zaqueo terminó con las siguientes palabras: «…el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido» (Lucas 19:10). El término «Hijo del Hombre» era un título del Mesías usado muchas veces por el profeta Ezequiel. Los discípulos de Jesús aceptaron la frase.

Zaqueo había experimentado una salvación espiritual de su alma; los discípulos de Cristo, sin embargo, estaban pensando en una salvación política de la nación judía. En sus corazones había la expectación de que, al llegar a Jerusalén, Cristo anunciaría públicamente que era el Mesías e instituiría el reino de Dios a través de un movimiento de liberación política. Sin embargo, Cristo tenía otros planes.

Cristo contó una hermosa parábola acerca de la venida del reino. Dio la parábola por dos razones: Se hallaba cerca de Jerusalén y los discípulos pensaban que allí anunciaría que el reino aparecería de inmediato (Lucas 19:11).

 

EL RETRASO

La enseñanza clara de la parábola de Cristo es que el reino de Dios todavía no iba a aparecer. En vez de pensar en la aparición inmediata del reino, los creyentes deberían pensar en su responsabilidad durante el período intermedio entre Su partida y Su regreso.

Examinemos el significado de la parábola: «Un hombre noble» es una persona de nacimiento elevado o real; representa a Jesucristo, descendiente del linaje real del rey David. El «país lejano» representa al cielo. El ir al país lejano es la ascensión. El «reino» que fue a recibir allá es Su señorío sobre todos en vista de Su obra redentora en la tierra. (Eso significa que Cristo entró a Su reino al cabo de Su muerte, resurrección y ascensión.) El regreso del noble corresponde al regreso de Cristo al final de la era. Los «siervos» representan a los creyentes cuya confesión es la gozosa aclamación que dice que Jesucristo es «Señor». Las «minas» eran unas monedas griegas que representaban el potencial de servicio, cualquiera que éste sea: una vida para vivir, un trabajo que hacer y un evangelio que esparcir.

 

EL DEBER

Es muy fácil desviarse del propósito principal de ser cristiano. ¿Por qué nos salvó Cristo? No fue tan sólo para que fuéramos al cielo, ni tan sólo porque alguien oró por nosotros, ni simplemente porque alguien nos testificó. La Biblia dice que fuimos salvados «a fin de que seamos para alabanza de su gloria…» (Efesios 1:12). ¿Cómo glorificamos a Dios? Cristo declaró: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto…» (Juan 15:8). Fuimos salvados para servir a Dios.

Cada creyente ya es un ciudadano del reino de Dios. Al revelarse el reino en la tierra, los creyentes tendremos la gloria misma del gran Rey: Jesucristo el Señor. Sin embargo, no hemos de fijar nuestro pensamiento en el reino, sino en el mismo Rey. Pensar más en el reino hará que nos entrelacemos en argumentos egoístas sobre quién será mayor en el reino y el lugar que cada uno tendrá (Mateo 18:1; Marcos 9:33-34; Lucas 22:24; Marcos 10:35-45). Pensar más en el Rey hará que seamos fieles y fructíferos, y que nuestra meta primordial sea glorificar al Rey (Hechos 20:22-24).

 

EL DÍA DE CUENTAS

Según la parábola de Cristo, un día el hombre noble regresó. Llamó a sus siervos y les pidió cuentas tocante a lo que cada uno había hecho con lo que se le había encomendado. Un siervo le regresó a su señor diez veces más de lo que se le había encargado; otro, cinco. Así unos devolvieron una cantidad mayor y otros, una cantidad menor. Un siervo vino con la única mina que se le había dado y la regresó tal como estaba, sin usarse. El noble felicitó y premió a los siervos que le habían servido haciendo transacciones sabias. Al que no había hecho nada, lo condenó.

Note el hecho de que cada uno tendrá que rendir cuentas. Dios nos hará responsables de lo que hacemos con lo que tenemos. Así como el noble felicitó a los que habían hecho su parte, de igual modo Dios bendecirá a los que le sirven fielmente. Recordemos que llama a cuentas tanto a los fieles como a los infieles. «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí» (Romanos 14:12).

No hay excusa para aquel que no da fruto. El individuo infructífero sabía que su señor era estricto y poderoso. Esta era razón suficiente para que hubiera trabajado como le correspondía; pero el siervo infiel dijo que, por miedo de perder aquella mina, no había hecho nada con ella. Lo menos que aquel hombre podía hacer era depositar la mina en el banco, si es que en verdad pensaba en los intereses de su patrón, pero ni esto hizo. La parábola nos enseña que todo creyente debe y puede servir a Cristo hasta que Él venga.

¿Cuáles principios en la parábola pueden aplicarse a nuestra vida cristiana? Considere las siguientes verdades bíblicas al hacer su lista:

  1. A cada creyente se le entrega cierta capacidad para servir a su Señor.
  2. Para el creyente, el tiempo interino entre la partida del Señor y Su regreso a la tierra debe ser uno de servicio.
  3. Jesucristo volverá como lo prometió.
  4. Cuando Él regrese, cada creyente aparecerá ante el tribunal de Cristo y le dará cuenta de sus acciones (Romanos 14:10-12; 2 Corintios 5:9-10).
  5. El servicio fiel recibirá la aprobación del Señor, y Él dará recompensas y aumentará la oportunidad para servicio.
  6. Los que no le sirvieron fielmente recibirán Su reproche y pérdida.

Estas verdades bíblicas son muy serias; considérelas en relación a su propia vida. ¿Está usted sirviendo al Señor como debe? ¡Propóngase a servir fielmente a su Señor hasta que Él regrese!

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